Mientras el serenar de la lluvia nocturna se escurre por entre las hojas del jardín, el sol asoma su rostro hasta tocar la puerta de la casita de campo allá en mi hermoso Puriscal. Los árboles van inclinando sus ramajes ante la presencia del astro rey, algunas flores abren sus pétalos para empezar a tomar algo de verdor.
Los ventanales de la casa se empiezan a abrir, y la frescura de otra mañana en mi querido Santa Lucía empieza a tomar vida. Al salir de casa están las plantas que mi querida madre dejó en recuerdo, con suspirar profundo solo digo entre mi corazón ''Dios la tenga en su santa Gloria''
Las hojas del ''cacho e' venao'' reluciendo con la claridad del nuevo amanecer, la bailarina con sus florecidos retoños danzando entre el vapor que desprende el suelo humedecido de los primeros aguaceros de anoche. Los ''helechos'' tupiéndose más y más como si en verdad estuvieran colgados de una montaña enorme...
Con las bancas de madera ya algo envejecidas, donde se han colocado las macetas con cada uno de los siembros. Las calas y los lirios, los espinosos cactus y los gorriones con sus flores púrpura. Las chinas y las calas. Son las que hablan entre sí cuando el sol las empieza a acariciar en la altura de su pared de madera... Maderas algo envejecidas por el pasar del tiempo sobre la casita de campo, que han tenido que ser maquilladas con algo de color para que su vanidad no se pierda. Sostenida por el muro de bloques de concreto que se van llenando con el musgo verde de las horas, de las lluvias y la vida que sopla en un lugar donde la vida mengua, sino que más bien en medio de su ancianidad toma camino a la largura de días.
Bendito sea el cielo en donde reposan mis calas, donde los itabos brindan sus flores blancas de alimento, donde aquella flor de cedro, dueña de las alturas vive, después de haber caído del tronco más alto, hoy sus capullos florecen en el tronco del ''poró'' viviendo solo del rocío inquieto de cada atardecer.
La ''tabacona'' saluda con sus grandes hojas reposando en la sombra de la entrada de la casa, junto las más pequeñas las de ''cinco centavitos'' y la pequeña enredadera que se adueña de las paredes húmedas donde el sol no logra secar.
Mi casita de campo, mi hermosa tierra de Santa Lucía, en el valle rodeado de las montañas de Turrubares, las colinas de Picagres y los montes de Quitirrisí.
El sol ha bañado de colores todo lo que a la vista está, y el cedro se ha llenado de vida con las avecillas que pasan sacudiendo sus alas frente al árbol de limón en la casa.
Mi hermosa casita de campo... Mi juventud, mis amores y mi hermosa tierra Puriscaleña con sus calles polvorientas y sus cafetales donde siempre huele a terruño...
Rapherty Villalobos Soto
Autor de Ilusiones
Para el blog Así es mi Tierra.
